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Chapter 6: La Casa Donde Todo Empezó

Alejandro vivía a veinte minutos de distancia.

Pero esa noche, el camino pareció interminable.

Carlos manejaba con las manos apretadas sobre el volante.

A su lado iba Carmen.

Mateo estaba seguro en casa con una vecina de confianza, alguien que Carlos había llamado antes de salir.

No quería separarse de él.

Pero necesitaba respuestas.

“¿Crees que Veronica está diciendo la verdad?”” preguntó Carmen.

Carlos miró la carretera.

“No sé qué creer.””

“Pero crees que Alejandro sabe algo.””

Carlos guardó silencio.

Porque esa era la parte que más dolía.

Durante años había confiado en su hermano.

Habían construido negocios juntos.

Habían enterrado recuerdos juntos.

Habían prometido protegerse siempre.

Y ahora uno de ellos podía haber destruido la vida de un niño.

Cuando llegaron a la casa de Alejandro, las luces estaban encendidas.

Carlos bajó del auto.

No tocó.

Abrió la puerta.

“Alejandro.””

No hubo respuesta.

Entró.

La sala estaba ordenada.

Demasiado ordenada.

Como si alguien hubiera preparado todo para una visita inesperada.

“¿Dónde estás?”” gritó Carlos.

Entonces escuchó un sonido.

Un golpe.

Venía del estudio.

Carlos caminó hacia la puerta.

La abrió.

Alejandro estaba parado frente a un escritorio lleno de documentos.

Su rostro cambió al ver a su hermano.

“Carlos.””

“No me mientas.””

Alejandro miró a Carmen.

Luego volvió a Carlos.

“¿Qué pasó?””

Carlos dejó la fotografía sobre el escritorio.

Alejandro la vio.

Y perdió el color.

“¿De dónde sacaste eso?””

Carlos dio un paso adelante.

“Así que sí sabes.””

Alejandro cerró los ojos.

“Carlos…”

“No.””

Su voz se quebró.

“Ya escuché demasiadas mentiras.””

Alejandro se sentó lentamente.

Parecía más viejo de repente.

“Veronica no debió volver a aparecer.””

Carlos sintió un escalofrío.

“¿Qué significa eso?””

Alejandro miró la fotografía.

“Significa que nunca entendiste lo que realmente pasó.””

Carmen cruzó los brazos.

“Entonces explíquelo.””

Alejandro tardó unos segundos.

Luego abrió un cajón del escritorio.

Sacó una caja pequeña.

Dentro había cartas.

Muchas cartas.

Carlos reconoció una firma.

La firma de una mujer.

La madre de Mateo.

“¿Por qué tienes esto?””

Alejandro tragó saliva.

“Porque ella me las dejó.””

Carlos tomó una carta.

La fecha era de ocho años atrás.

“¿Dónde está ella?””

Alejandro no respondió.

Carlos levantó la mirada.

“¿Dónde está la mamá de Mateo?””

El silencio fue insoportable.

Finalmente Alejandro dijo:

“Ella murió intentando recuperar a su hijo.””

Carlos sintió que el mundo se detenía.

“¿Qué?””

Alejandro bajó la cabeza.

“Y Veronica fue quien causó el accidente.””

Carmen llevó una mano a su boca.

Carlos retrocedió.

“No.””

“Carlos…”

“No.””

La negación salió como una defensa.

Porque aceptar eso significaba aceptar que había vivido una mentira.

Alejandro continuó:

“Pero hay algo que nunca te dije.””

Carlos lo miró.

“¿Qué?””

Alejandro señaló las cartas.

“La madre de Mateo no murió sin dejar una prueba.””

Carlos abrió una de ellas.

Sus ojos recorrieron las primeras líneas.

Y entonces vio una frase escrita con tinta azul:

*“Si algo me pasa, Carlos Mendoza debe saber que su hijo no fue el único niño que Veronica intentó destruir.””*

Carlos levantó la mirada.

“¿Su hijo?””

Alejandro asintió lentamente.

“Mateo no era el único.””

Antes de que Carlos pudiera preguntar, un ruido vino desde la puerta.

Alguien estaba entrando.

Alejandro se quedó inmóvil.

“Ella no debería estar aquí.””

Carlos giró.

En la entrada del estudio apareció una figura.

Una persona que ninguno esperaba ver.

El niño de la fotografía.

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Mateo Salazar.

Y detrás de él estaba Veronica.

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